¡Devuelvan a las chicas! #BringBackOurGirls

 

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Hacia horas que Deborah Sanya intentaba dormir. Por la mañana se enfrentaría a los exámenes finales de la secundaria, en el internado de Chibok en Nigeria, y eso la tenía ansiosa y preocupada. En su dormitorio de la escuela, junto a otras chicas de entre 15 y 18 años, daba vueltas en la cama intentando repasar todo lo que hacía semanas que venía estudiando. Los finales eran el último paso antes de empezar a perseguir su sueño: convertirse en doctora.

Cuando finalmente logró tranquilizarse y el sueño se apoderó de ella, unos gritos la despertaron. Molesta por el ruido, se levantó de su cama a preguntarle a una de sus compañeras que estaba mirando por la ventana, qué era lo que pasaba. Pero antes de obtener una respuesta, unos soldados nigerianos entraron a la habitación y las obligaron a salir de allí. Afuera las esperaban tres camiones que las llevarían a un lugar seguro. Deborah comprendió que no tendría sus exámenes al día siguiente y se molestó aún más. “No se preocupen, no va a pasar nada”, las tranquilizó uno de los soldados. Vivía en una zona de conflicto constante y entendía que ellos sólo querían protegerlas de los grupos terroristas que azotaban al lugar, pero se preguntaba por qué las tenían que llevar justo esa noche, antes de unos exámenes tan importantes para sus vidas.

Ya en la camioneta, el grito de “¡Alá es grande!”, proveniente de los soldados, le heló la sangre. De pronto, ya no le importaban los finales. Los supuestos soldados nigerianos no eran tales, sino unos impostores que se hicieron pasar por ellos. No las llevaban a un lugar seguro, sino que estaban siendo secuestradas por el grupo Boko Haram, unos terroristas que desde más de una década intentan derrocar al gobierno del país africano y convertirlo en un estado islámico. Lo último que Deborah vio de su pueblo esa noche fue a su escuela envuelta en llamas.

Lo que siguió después fue sólo horror. Algunas de las chicas fueron vendidas, otras violadas hasta 15 veces en el mismo día, y quienes se quejaban o negaban era degolladas. También fueron obligadas a convertirse al Islam por el grupo extremista. Pero aunque Deborah pensó que su hora había llegado, las ganas de volver a ver a su familia y de convertirse en doctora fueron más fuertes. Al día siguiente al secuestro, cuando la mandaron a cocinar, junto a otras dos compañeras decidió huir. Juntas corrieron sin parar a través de la maleza. Corrieron hasta llegar a un pueblo donde se refugiaron y se pudieron comunicar con sus padres.

Deborah logró escapar del secuestro pero no del horror. Día tras día piensa en Zara, Saratu, Rhoda, Blessing, Helen, Mairama, y todas sus otras compañeras de las que continúa sin tener noticias. Se pasa los días rezando y ayunando, pidiéndole a Dios que puedan volver sanas y salvas para poder hacer todas juntas sus exámenes finales de la secundaria.

 

Más de 250 chicas fueron secuestradas la noche del 14 de abril por el grupo terrorista Boko Haram. Sólo 53 de ellas pudieron escapar con vida y regresar a sus casas. Entre ellas estaba Deborah, quien pudo contarle al mundo el calvario que vivió junto a sus compañeras. #BringBackOurGirls es una campaña humanitaria que, desde las redes sociales, pide por la liberación de las estudiantes. ¿Millones de personas levantando un cartel que diga “Devuelvan a las chicas” va a hacer que un grupo terrorista que mata a cientos de personas por año se apiade de las adolescentes y las libere? Probablemente no, pero que el mundo entero hable de esas chicas ayuda a no pasar por alto esta situación. Exigir la liberación de estas chicas es la obligación de cada persona que se haya enterado de este problema. Como dijo Michelle Obama: “Si nos quedamos callados, esto se extenderá”.

bbog

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